sábado, 6 de diciembre de 2008

Me cambia el corazon de quinceañera

-Para todas las que celebramos los segundos quinces en el siglo XXI. Las quiero muchísimo y las extraño.

Antes de salir de los segundos quinces, y de que se me empiecen a olvidar los primeros, permítanme rememorar las aciagas épocas de apagón y la hora Gaviria en las que celebramos el fin de nuestra tierna infancia.

De niñas, todas soñamos con dos cosas: el quinceañero y el matrimonio, pero una vez llegan las dichosas fiestecitas y se llega a interactuar con los potenciales clientes para el segundo evento, se pone “una” a pensar más bien en como celebrar el o los grados por venir. Pero volvamos a la época de Rikarena y Mana, celebrar los quince abriles de la nena de la casa ponía a los padres frente a una difícil disyuntiva: Tirar la casa por la ventana y alquilar salón, orquesta, meseros y todo, o desocupar el garaje o salón comunal y armar mini teca según el presupuesto disponible. Gratitud infinita hacia los doctores Francisco y Luz Stella por evitarme el trauma de tener que tomar esa decisión.

Como venia contando, quinceañeros los hubo de todo calibre de acuerdo a la usanza del siglo pasado, desde las sencillas reunioncitas caseras en las que se ponían las sillas del comedor y unas cuantas rimax prestadas en fila contra la pared del garaje hasta ágapes finísimos en clubes sociales y hoteles 5 estrellas. A todos estos eventos asistimos puntualmente, vestidas para la ocasión y con las coreografías de rigor perfectamente ensayadas. Pero hasta ahí llegaban las similitudes en las celebraciones, así que, extrapolando los diversos aspectos que componen el folclor urbano de finales del siglo XX en Barranquilla, he aquí las diferencias sustanciales entre los tipos que quinces que mi generación sufrió:

· La fiesta de club u hotel exigía vestido de coctel o largo, con sus respectivas medias veladas, tacones matadores, copetes a prueba de balas estructurados a punta de cleernex (lo escribí bien?) y un mínimo de kilo y medio de pañete, que digo maquillaje de peluquería rematado por unas 20 aplicaciones sucesivas de Angel Face dependiendo de la duración del evento. Esto para las invitadas, ahora los invitados debían desempolvar el entero del papa o en el peor de los casos, alquilar smoking y brillar los zapatos de charol. Además del traje, la impelable corbata de caricaturas les daba ese toque juvenil que trataban de enmascarar con el olor a colonia de “señor” que el tío les prestaba para que olieran a rico y las niñas quisieran bailar con ellos.

· La miniteca casera era más relajada, ahí se veía de todo, desde jeans con pliegues, hasta vestiditos sencillos, minifaldas, shorts, enterizos y casi cualquier cosa con lo que se pudiera estar cómoda. El peinado era cualquier estilo diferente al recogido del colegio y el maquillaje siempre podía contar con el apoyo del Angel Face pero ya pareciendo más de la edad que teníamos. Para los caballeritos, les bastaba ponerse sus jeans favoritos, súper desteñidos o de colores y su respectiva camisa estampada, ni siquiera camisetas de cuellito porque ya para esa época los empacadores de la olímpica las habían sacado de circulación social. El informal atuendo se complementaba exquisitamente con los zapatos “apache” de uno o varios colores, con o sin medias, dependiendo de la personalidad del sujeto, una pasadita de colonia y listos para sentarse en la fila de sillas rimax hasta que la mama de la cumplimentada los obligara a sacar a bailar a la quinceañera.

· La fiesta en el club ameritaba derroche culinario, desde las clásicas pastas en salsa, hasta los finísimos volovanes de pollo de Dulcerna, 3 o 4 tipos de arroces diferentes, filetes, carnes, camarones, ensaladas verdes y coloridas, postres cremosos o de helado, para no hacerle competencia a la torta negra de tres pisos con pastillaje y flores comestibles pintadas a mano.

Como era de esperarse, semejante comilona debía ser prontamente juagada con una variedad de licores, como coctelitos de frutas para las nenas, vino para las señoras y whiskey para los caballeros.

· La miniteca casera presentaba opciones más limitadas en cuanto al plato principal, pero los acompañantes inamovibles eran siempre el coctel de tang de naranja con cualquier licor blanco disponible (daba lo mismo si era vodka o tres esquinas), media botella de chivas o sello negro que el papa de la cumplimentada dosificaba a su círculo intimo y la consabida gaseosa de dos litros según el gusto de la quinceañera. En mi experiencia nunca faltaba una cola (pepsi o coca) y una naranja. Los deditos, quibbecitos, empanaditas y otras frituras marca Farah y las galleticas Ritz untadas de algo cremoso tampoco podían faltar y muchísimo menos el helado Robin Hood de ron con pasas. Hasta ahí todo era fácil y genérico, pero la decisión sobre el plato principal generaba enardecidos debates entre los miembros de la familia defensores acérrimos de la ensalada rusa con salchicha manguera Cunit, los fans del sancocho por litro y los devotos del arroz con pollo Freddy Krueger (el de la patica adentro).

Y para que todo este trajín para una sola noche? Para que las mocosas juguemos a vestirnos de muñecas aunque sea por un día, nuestros papas elaboren el duelo de la niñez superada, nos brinden serenatas lacrimógenas, nos tomen doscientas fotos tamaño álbum con las que nos puedan hacer quedar mal delante del esposo 15 años después y sobre todo, para que escritoras buñuelas rememoren los buenos tiempos que pasaron con las amigas que ahora están demasiado lejos.

4 comentarios:

  1. Yo tambien estoy adportas de celebrar mis segundos 15. Creo q mi alma metalizada impidió que se rasgaran las vestiduras decidiendo que tipo de fiesta hacer. Pedí la plata.Asunto arreglado.
    Por eso para mis segundos 15 me iré de farra, tendré un show de mariachis y cantaré " es mi niña bonita" así lo únio que me quede de niña sea la de los ojos...

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  2. En mis quince.... mi vestido rosado con moño gigante me quedo muy bonito!!!!

    jajajaja... mentiras Sra Pabon, como siempre, es una cague de risa pasar por este pequeño lugar en la gran autopista de la información al que llamas "Block"

    A las fiestas de 15 a las que fui invitado en mis años de juventud (a muchas de Edecan, porque era el mas alto =P), paso de todo desde la comida mas fina y ligera hasta el infaltable plato frio!!!

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  3. Maravillosas epocas esas en las que no faltaban los amigos ni los levantes... ha pasado mucho tiempo desde esos dias...

    Una vez mas Gracias Anita.

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  4. Amiga como siempre te luciste!!! confieso que mis primeros 15 son muy parecidos a los comentados en tu "block", a ese día mi familia y amigos le dicen "gasper" porque el HP que me maquillo no tuvo en cuenta el color moreno de mi piel y parecia un espanto la cara blanca y el cuerpo moreno y para acabar de rematar el vestidito era blanco....bueno pero la pase bien....TIEMPOS AQUELLOS.

    Un abrazo TQM

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