jueves, 20 de noviembre de 2008

Excursiones exoticas

-Para todo el que puede darse el lujo de no tener que usar chaqueta.

Miércoles 19 de noviembre de 2008, 26 grados Fahrenheit, -3.33 grados centígrados, o como se dice en corroncho: HP FRIO!

Como parte de las gestiones tendientes a lograr la expansión profesional, el apalancamiento financiero de las inversiones y garantizar flujos de caja positivos recurrentes en la cuenta bancaria de esta servidora, la actividad extracurricular de hoy me llevo a Manhattan, una parte del planeta que rara vez visito en horas laborales y mucho menos a plena luz del sol.

El propósito de esta excursión era encontrarme con una ejecutiva de recursos humanos de una empresa que me contacto después de sacudir con incredulidad la cabeza al leer las cosas que hay en mi hoja de vida, la cual es más bien normalita. Me he concentrado en mostrar más mis títulos académicos, ya que los de belleza me fueron negados con base en acusaciones de ser demasiado madura, inteligente, elocuente, de dar respuestas para poner a pensar a la gente, pero más que todo por hacer rimas pailas y no comprar la mitad de las entradas para los eventos. Pagar para no poder verme yo misma? Eso va en contra de mis principios económicos. En fin, me estoy desviando del tema, mi hoja de vida debe recoger los elementos más sobresalientes de mi historia profesional, yo quisiera incluir allí mis títulos de patinaje sobre hielo, que tengo 4, enmarcados y selladitos, me los dieron con un trofeo en forma de patines y merecen el mismo reconocimiento que el diploma del máster of the universe o que el de la norte y el próximo de la Unab.

Pero que era lo que iba a contar yo?

Ah sí, la ida a los niuyores en plan profesional en vez de recreativo. Sepa el respetado lector, que para ir de mi pueblo u rancho hasta Manhattan en plan y horas laborales, tiene su merce varias opciones:

1. Maneja su propio vehículo por un puente o cualquiera de los dos túneles , pagando 8 dólares de peaje, hace cola desde 10 millas antes de la entrada del túnel, entra al túnel, con suerte puede avanzar sin interrupciones y sale a una callecita donde salen TODOS los demás carros que tenia adelante, otra media hora de trancón y por fin puede llegar a su meta, solo para dar vueltas expansivas a la manzana en busca de ese espaciecito de parking gratis que dicen que existe pero todavía no me consta.

2. Se monta a un expreso Brasilia o Bolivariano, (nada de coochofal, eso es para los ilegales) paga sus 5 o 6 barras y se sienta a ser parte del ballet del instituto de transito de NJ que adecua un carril exclusivo para buses que es como pollos en un asadero, todos dando la vuelta. (el más recomendado, lo dejan en Port Authority en 20 minutos)

3. Camina o pedalea por el George Washington Bridge, en días buenos, hasta divertido será, pero en días como hoy, se arriesga a perder extremidades por congelamiento.

4. Se lanza en clavado al rio Hudson, nada desde port imperial en Edgewater hasta el museo naval del Intrepid y si sobrevive a los huevos que el monstruo de cloverfield dejo alla empollando, y llega a la otra orilla, alla lo recibe el departamento de Homeland Security para hacerle una requisa exhaustiva.

Resuelto lo del transporte interestatal, se procede al desembarco de las tropas asalariadas para su distribución intermodal en otros vehículos de transporte público. Mi elección del día es el metro, decisión basada únicamente en el conocimiento empírico de mi nivel de tolerancia al frio.

Y ahí es donde empieza el desfile, como en una marcha solemne, de las divisiones del ejercito del explotado, cuyas legiones se identifican con el glorioso uniforme del abrigo oscuro de paño, ese que no calienta mucho, pero se ve profesional, y últimamente, el complemento de este uniforme es el Ipod, de todas las generaciones, escondido en bolsillos y maletas, apenas asomando los cablecitos de los audífonos. Y gracias al Ipod, el paso estandarizado del neoyorquino de a pie, se convirtió en la danza personal a ritmo propio, el baile de la música silenciosa que no se comparte. El secreto de los gustos más aberrantes, del amor prohibido por bachatas y rancheras, country alcohólico o los éxitos de Paris Hilton. Sin que nadie se entere, estos ritmos íntimos acompasan el devenir del los ríos humanos por los canales de cemento, y al encontrarnos de frente con otro uniformado de oídos ajenos al mundanal ruido, no se puede evitar un leve movimiento de cabeza como compartiendo en confidencialidad: “sí, yo también soy fan de Britney”.

3 comentarios:

  1. BUENO ME ESTOY MOLESTANDO!!! PRIMERO NO APARECES EN UNA SEMANA Y YO PENSANDO QUE ME ESTABAS SACANDO MIS BLOGS.....TIENES MUCHOS PENDIENTES, NENA PERO ALGO SI TE DIGO, MENOS MAL QUE A TI NO TE TOCA EL TRASMILLENO...ESO SI ES UN CAOS..........

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  2. Y que era lo que ibas a contar??

    Interesante reflexion la de la musica preferida de la gente.



    MGÑ

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