miércoles, 29 de octubre de 2008

Un 4.7

El articulo con el que me gane apenas un 4.7 en Identidad, mundo y sociedad.

Vivo en el estado de New Jersey, área metropolitana de New York, en Estados Unidos. A simple vista, parecería fácil definir los elementos de la cultura de esta región, dada la gran influencia de los medios de comunicación a nivel global, que pintan un panorama casi estandarizado de lo que es este país a través de la música, el cine, la televisión, etc.

Sin embargo, no todo lo que se ve en el exterior corresponde a la realidad norteamericana. Este es un país gigantesco, tanto en territorio como en diversidad cultural y después de haber pasado años observando desde afuera, ahora tengo la oportunidad de vivir de primera mano las diferencias entre la realidad y la percepción extranjera del país que hoy llamo hogar.

Quiero empezar por aclarar que la América urbana, si bien es la que más se muestra, no es la mas común de encontrar, las grandes aéreas metropolitanas son pocas, no todos los estados tienen una capital de millones de habitantes, como es habitual en Colombia, si no que más bien son poblaciones medianas o pequeñas esparcidas en un vasto territorio rural. El desarrollo urbano se concentra en las costas más que en el interior, y pareciera que uno cambia totalmente de país cuando se aleja de las grandes ciudades.

En televisión vemos ciudades cosmopolitas y modernas, multiculturales e influenciadas por diversos elementos de la cultura, por ejemplo en New York se escuchan cientos de idiomas en la calle, se ve gente de todas las razas y combinaciones posibles y hasta se me antoja una sociedad más bien fragmentada, individualista, siendo la ciudad la que aglutina a una masa de seres que en realidad tienen poco en común.

Esta tendencia cambia drásticamente a medida que uno se interna en la América profunda, esa que no sale en televisión más que para ser blanco de chistes (sombreros y botas tejanas) o de donde salen esas horrendas noticias de individuos degenerados y desadaptados cometiendo crímenes impensables. Esa América donde curiosamente hay la mayor concentración de Iglesias por cuadra, no todas de la misma denominación, pero en su mayoría de algún tipo de cristianismo. Comunidades unidas en torno a sus creencias, tal vez no las más progresistas pero bien arraigadas en el Corazón colectivo.

Hace muchos años escuche a alguien decir que el Americano promedio era como Homero Simpson, pero decirle esto a un Americano promedio es prácticamente mentarle la madre, precisamente porque las similitudes son aterradoras.

Esta sociedad es el reflejo del alto nivel de vida que el gringo de a pie lograba conseguir con trabajo honesto hasta hace pocos años, el sueño Americano: la casa, los hijos, los carros en el garaje, el jardín con cerca blanca y el perro saliendo a recibirlo al llegar de su trabajo bien pago y con todos los beneficios. Este bienestar creó una sociedad un tanto ciega, o tal vez sea una palabra muy extrema, digamos más bien que un tanto miope a las realidades mundiales y ahí es donde Mr. Smith se empieza a parecer a Homero Simpson, como el futuro estaba garantizado con el mínimo esfuerzo, pues no valía la pena ni el sacrificio sobresalir, si igual se iba a vivir, bien, en diferentes grados de bien, pero bien al fin y al cabo.

Estas suertudas generaciones son las que para mi personifican a la América autentica, no la de las series de televisión donde la gente camina por calles congestionadas cargando bolsas de papel reciclado con barras de pan y flores y son tolerantes y abiertos, tienen amigos de varias razas, credos y orientaciones sexuales y se esfuerzan por sobresalir en un medio exigente como el neoyorquino. No, mi América mayoritaria y conservadora es la de ir a la iglesia, cualquiera porque aquí hay libertad de culto…cristiano, ya lo de ir a una mezquita (si la encuentras fuera de las ciudades grandes) no esta tan bien visto, mucho menos juntarse con gente de otros colores o nacionalidades porque…bueno esa razón tampoco la tengo muy clara. Podría pensarse que, basados en la imagen que se vende en el exterior, este es un país laico, donde la religión no tiene ninguna influencia en la sociedad mas allá de la privacidad del individuo o de las familias y ese es el gran despiste, porque en realidad este es uno de los países donde más fanatismo religioso extremo se encuentra, empezando por el presidente, pero este no es el momento de disertaciones políticas.

Lo que más me llama la atención de este país que no sale en programas glamurosos como los de MTV, es lo intrincado del tejido social, la sociedad se mantiene unida en base a unos valores principalmente cristianos que son constantemente violados a punta de intolerancia, falta de respeto y de no considerar que otros seres humanos que no comparten la nacionalidad, también son personas que tienen derechos. El gringo todavía piensa que para salir del país no necesita pasaporte y es precisamente porque no sabe muy bien donde termina el país suyo y empieza el de otros (lo he visto con mis propios ojos), es algo que no sabría traducir exactamente, pero se llama entitlement, esa sensación de que el resto del mundo te debe algo, de creerse de mejor familia y pensar que el resto del universo funciona igual que el pueblito que los vio nacer en la mitad de Kansas.

Mucha critica? Tal vez se me está yendo la mano, pero en defensa del gringo promedio, puedo alegar ignorancia. Ignorancia no de esa cruel que viene de almas negras, sino de la inocente que viene de no haber tenido que sufrir para tener un nivel de vida que casi todo el resto del planeta anhela, por el que los nacidos del lado sur del Rio Grande se dejan esta vida y la otra en travesías inhumanas para alcanzar la frontera.

No puedo culpar a ningún Mr. Smith de pueblo evangélico y conservador por ser como es. No puedo siquiera molestarme en que se ofendan porque los inmigrantes no hablan ingles, hasta les doy la razón en eso, esta es SU casa y en su casa hay normas, expresas y tacitas que hacen que la sociedad funcione con todo y sus fallas. Pero la mayor falla, en mi opinión, es querer obligar al resto del mundo a funcionar como ellos, a las buenas (medios de comunicación), a las disimuladas (plan Colombia y similares), a las malas (tratados de libre comercio) o a las peores (invasiones militares)

No es mi intención atacar al país que me ha acogido, eso sería patear la lonchera, pero precisamente por gratitud, no solo mía, sino de los millones de personas que vivimos aquí, sin importar donde nacimos, es que debemos ser críticos con las cosas que deben cambiar, y una de esas cosas, es la imagen híper progresista que no es más que una corriente minoritaria todavía sin fuerza para generar cambios. Seguiremos pendientes.


1 comentario:

  1. AMIGA TOTALMENTE DE ACUERDO, PERO DONDE ESTAN MIS BLOGS......MARIANA EMPIEZA A MOLESTARSE, UN ABRAZO

    ResponderBorrar