Tengo que confesar que esto de escribir es mas bien nuevo para mi. La facilidad de hablar mierda siempre la tuve pero jamas se me ocurrió ponerla por escrito. La relación entre el papel y yo era mas bien unidireccional, en términos de que yo mucho leía pero poco garabateaba, sobre todo porque por mas planas de método palmer que hacia, mi letra siempre evocaba globitos y nubecitas de Hello Kitty mas que la obligada cursiva y los borradores de nata y los tarros de liquid paper no llegaban ni a las vacaciones de semana santa.
Una vez superado el hecho de que mi puño y letra no era nada de que estar orgullosos en el colegio, la interacción con el papel se realizaba por medio de un armatoste de los tiempos de la post guerra, que partía uñas y sacaba callos al tiempo que manchaba uniformes y hojas con kilométricas cintas negras enrolladas en carretes que casi nunca estaban bien alineados, y dejaban el escrito cojeando no solo de sustancia si no también de presentación. Aquí me toca parar a hacer un sentido homenaje póstumo a la senora Ruth Mengual, excelsa bruja docente de mi generación en la Enseñanza cuya labor consistía en tratar de evitar que arrojáramos las maquinas de escribir por las ventanas de la frustracion de no poder completar una frase sin tener que arriesgar un dedo para reacomodar el aparato, además de procurar que el block tamaño carta nos durara siquiera para el primer semestre del año y que fuéramos capaces de completar frases e ideas a velocidades que hoy en día nos parecen paquidermicas pero que en su época requerían prestar atención y pensar antes de teclear. Sea pues este el agradecimiento a Ruth, que nos tuvo la paciencia de prepararnos para lo que venia, en términos de interacción mecánica a medida que los ladrillos con teclas de la guerra fría se iban reemplazando con cajas plasticas de pantallas coloridas y las resmas de papel se reducían a diskettes blandos y duros.
Y aun así, todavía no escribía yo mas que los trabajos fusilados del Internet arcaico al que se le podía dar la vuelta en una noche de insomnio tras escuchar la dulce melodía del fax módem que tampoco me inspiraba a contar mis pocos cuentos. El módem feneció y dio paso a la conexion DSL que me permitia un espacio mas amplio, donde tal vez si tuviera algo que agregar y una vez mi vida fue dominada por la dependencia del computador, el propio tedio de un trabajo repetitivo me abrió el espacio para decir mis cosas por escrito, el Internet me proveió el medio y mis amigos pararon las bolas suficientes para que valiera la pena el esfuerzo. Y así empecé, con bobadas que a casi nadie le importan pero cada vez mas organizadas y mientras mas tecleaba mas cosas se me ocurrían que sacar a la luz, hasta que di el salto al vacío y me comprometi con un libro.
Hoy, privada de mi herramienta principal de escritura, a la vez que exploro que posibilidades hay de escribir con otros métodos, miro atrás a los humildes cuadernos marroncitos de norma, los lapices rojos y negros y las maquinas Rémington color naranja nuclear, que nunca recibieron mis ideas y me da nostalgia por el tiempo perdido, puesto que tendría un acervo de historias casi infinito a estas alturas. Pero el aparato que me dio el impulso fue un laptop jurásico empanadeado por mi mas fiel lector para que entendiera mi dialecto y lo organizara en documentos legibles. Pero esa reliquia me fue arrebatada, junto con los archivos y hoy en este invierno de New Jersey, me veo casi que obligada a buscar otras maneras de sacar mi arte, como esta, usando Google Docs y pidiéndole traducción al español, o bajando el app de Blogger en mi celular Android, al cual todavía no le he podido hacer entender que aunque el me hable en ingles, yo le escribo en español. Pero ahí vamos, volveré a soñar mis libros como Abdul Bashur sueña sus navíos y llegare al puerto donde mis ideas estén seguras y de frente al mar para zarpar en cuanto la nave leve anclas.
sera que ruth lo lee....-interrog. que aun no lo encuentro....._
ResponderBorrarlo de las remington me recuerda mis tiempos del colegio donde nos tapaban el teclado con un carton o una tabla y los del colombo donde el ruido no me dejaba ni ver ni pensar... sera que es genetico...uhmmmmm
Escribir a mano es un placer que muy pocos aprecian en estos dias. El pc es muy util, no se puede negar, pero jamas igualará el roce de la piel con el papel y la presión ejercida sobre el boligrafo.
ResponderBorrar