Mi hermana de mente y yo nos propusimos el reto de escribir mil palabras sobre un tema determinado, cosa que podamos ir practicando aquello de volvernos escritoras, así que ahí perdonaran lo largo, y si no les gusta, les recuerdo que bastante tuvimos que aguantar en el colegio a cierta artista famosa que por más que practicó, nunca aprendió a cantar pero se ha ganado toda la plata del mundo a punta de insistencia y marketing, así que ténganse de donde puedan que de aquí saldrán dos escritoras, mediocres y todo, pero escritoras al fin y al cabo.
Después de setenta y dos horas ininterrumpidas de lloriqueo por la pérdida de mis efectos personales, llego la hora de tratar de armar los pedazos mentales de mi vida, así sea en versión criolla.
Tras divagar concienzudamente sobre los criterios de selección para determinar la gravedad de la perdida de cada artículo, llegue a la conclusión de que lo más grave fue perder el pasaporte gringo, puesto que con esta cara y este nombre, hasta yo dudaría de mi ciudadanía si no hay documento de por medio, pero el tío Sam mantiene buenos registros y a ese si no le roban los computadores, así que ya me encontraron en alguna base de datos y previa bajada del bus en dólares, me llegara el pasaporte azulito en una semana más o menos.
Después viene el inconveniente logístico de mi lugar de nacimiento, que aunque me permite ser súbdita de otros reinos, no me permite operar como tal en territorio colombiano, por lo cual se hizo necesaria la visita a la registraduría local (espere blog al respecto) y a la gobernación para la correspondiente expedición de los documentos chibchas que me permitan volver a ser americana. Al menos la ida a la gobernación tiene la ventaja de que se puede llegar de ahí facilito al Shopping, que es para mí el templo sagrado de las maricadas en las que se puede uno gastar ochenta mil pesos sin comprar nada útil.
Tras resolver lo de las identificaciones, procedí a hacer inventario electrónico de los aparatos que me acercan/aíslan del universo, usease, el Ipod encontrado de chiripa en el bolsillo de una chaqueta un día de navidad en Macy´s (de lo cual no rezongo, no es más que justicia poética perderlo), el mini aparatico de mp3 que solo servía para tocar música pero que me salvo de un ataque de histeria ante el llanto decibélico de mi sobrina en plena vía a Barranquilla, la cámara fotográfica paila de principiante, pagada a precio de profesional en el éxito después de concluir una temporada desastrosa de daños al equipo fotográfico familiar en diferentes países. Un teléfono prepago de Virgin Mobile que ya me estaba sacando la piedra pero no por eso dejaba de sacarme de apuros en territorio gringo, contenido en una suerte de billetera/estuche que resuelve la cargada de los papeles y el celular en un solo apéndice, espero que quien lo tenga, lo disfrute y no le pase lo que a mí que lo dejaba tirado en casi cualquier parte.
Como si fuera poco, los maleantes cargaron con un laptop que estaba en proceso de sacar la mano, pero que antes de fenecer debía darme la oportunidad de regresar al puerto seguro del servidor de mi casa y descargar las nuevas bobadas digitales que había recogido en este viaje. Se llevaron un disco duro que hace un ruidito raro y que contiene música bajada desde cuando napster era pirata y un tesoro de fotos absurdas de mi trashumar mundial. Ese trasto guardaba la materia prima de mis libros y blogs, tanto las frases sueltas y sin sentido, como las redacciones pensadas y revisadas. Desde tecleos madrugados en días de nieve hasta partidas de uña al vaivén de la brisa que mueve el palo de mango del patio de mi casa. Ideas, buenas, malas, tontas, chistosas, complejas, completas, inconclusas, interminables ideas como la verborrea que me aflige pero que afecta más a quienes me rodean. Fantasías animadas y aburridas por igual, criollas e internacionales amasadas indiscriminadamente en mis dos idiomas sin método ni métrica. Simplemente el fruto de esta cabeza medio hueca, la huella digital del pedacito que si funciona y me relaciona con el universo y en ultimas lo que se recordara de mi cuando ya no este.
Todo esfumado en un acto ilógico más que ilícito, puesto que no me veo pidiendo remuneración por mis escritos. Quisiera pensar que la educación de una persona mejorara gracias a la herramienta tecnológica que me fue arrebatada, o que alguna familia disfrutara la música y tomara fotos para sus recuerdos con la cámara y el Ipod que me hurtaron. Pero eso sería utópico, la verdad es que mi pobre laptop será malbaratado para subvencionar consumos poco saludables y transacciones poco igualitarias para el género femenino, mis cuadernos serán parte de un relleno sanitario local y mi teléfono servirá de pisapeles porque no se puede activar en el país. La fiesta se la darán con mis pastillas, las que calman dolores de cuerpo y alma en dosis diarias mientras se preguntan qué diablos significa la cadena alimenticia zombie de mi camiseta preferida o porque tengo el mismo brasier en todos los colores disponibles.
Las maricadas de uno son su mundo, son su soslayo y su tesoro, como el de Gollum, y las que uno acumula en los viajes tienen especial valor, sobre todo cuando son encargos rebuscados, cuidadosamente empacados en bolsitas del Éxito y acomodados entre la ropita doblada que el policía de turno le desbaratara en el aeropuerto buscando quien sabe que, porque las mercancías jugosas, no se mandan en vuelos de aerolínea de bajo presupuesto. Ya no sé si tengo rabia o dolor, o si no me importa y al cabo que no quería, lo único que sé es que es muy triste perder las cosas a las que uno les da valor, independientemente de su precio de mercado, pero es más duro escribir las mil palabras así que ahí se las dejo, sin incluir el título, bien puedan contarlas o simplemente leer el blog y compartir este dolorcito con la autora.
Ayyy Anita, como duele sentir que el fruto de tu cerebro está en manos de quien no puede disfrutarlo al mismo nivel que tu.
ResponderBorrarExorcisar tus demonios asi, tal como lo hiciste en el periodico, sirve para callar las voces de la impotencia, esa que camina rampante en medio de tu dolor.
Animo, no te aflijas.
PD
"...mi camiseta preferida o porque tengo el mismo brasear en todos los colores disponibles."
Brasear= brasier??
Editado el errorcito, gracias por pillartelo
ResponderBorrarAnita Paulita, que sentimiento, y es que de verdad solo uno sabe que valor tienen esas "mariconaditas", te acompaño en tu dolor!!
ResponderBorrarVivi Cllo
y lo que mas ofende es que el que se lo robo no dudo un segundo en borrar todo el fruto de tu esfuerzo para escribir esos libros y tu trabajo para pagar todos los viajes con sus respectivas fotos :S
ResponderBorrarA pesar de haber perdido donde reposaban tus ideas nunca te las podrán robar, seguramente aún dan vueltas en tu cabeza.
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