viernes, 24 de diciembre de 2010

La navidad del blackberry

Cada año me simpatiza menos la navidad como tal. No es que no me agrade la idea de buscar una excusa para estar con la familia, comer hasta enfermar y darnos regalitos con el sonido de la pólvora de fondo. De hecho, eso es lo que constituye navidad para mí, simplemente la institucionalización del compartir con quienes más queremos.
Este diciembre iba bien, en Barranquilla huyendo del invierno de mi otra patria y retomando las tradiciones gastronómicas que me garantizan momentos de inspiración porcelanica en el cuarto más pequeño de la casa. Pero me empezaron a bombardear con el cuento del dichoso telefonito que hace de todo, desde subirle el índice de popularidad escolar a los pre-adolescentes, volver a los peatones muñecos de práctica del arte ninja de robar sin hacer sonar los cascabelitos, y hasta meter en líos a la gente por saludos aleatorios.
Hasta ahora no me había llamado la atención el aparato, yo seguía fiel al Android de pura geek tacaña porque es más barato y tiene todas las bobadas que necesito, pero las necesidades cambian y en mi pueblo, al parecer, la manera de estar pegada de esas mismas bobadas viene en un plan de datos de la compañía que siempre está con “una” donde vaya así que termine con el crackberry en la mano y finalmente entendí la obsesión insana de esta sociedad con él. Es maravilloso tener en la mano el contacto con gente que está lejos sin tener que preocuparse por la tarifa del minuto, pero al parecer es más maravilloso no volver a ver ni a hablarle en persona a los que están más cerca y pasarse el día sin pestañear y sin volver a mirar a un ser humano a la cara mientras se le habla por estar sacándose callos en los pulgares con las mismas pendejadas de siempre pero en formato digital.
Tristemente, todo el mundo parece querer un teléfono de estos para navidad. Nadie pide más que un PIN a papa Noel estos días y el pobre niño dios debe tener el buzón lleno del mismo mensaje repetido hasta que ya ni las letras tienen sentido.  Si nuestro mundo está al alcance de nuestra mano, físicamente, para que queremos un aparato que se convierta en la barrera tecnológica que nos evite vivir en el. Suelten esa vaina un rato y vayan a decirle feliz navidad en persona a quienes tienen cerca, mirándolos de frente y abrazándolos con algo diferente a emoticones.
Merry Christmas y’all.

2 comentarios:

  1. "...si nuestro mundo está al alcance de nuestra mano, físicamente, para que queremos un aparato que se convierta en la barrera tecnológica que nos evite vivir en el."

    Me adhiero. Prefiero tener agarrado con mi mano al mundo de amigos, familiares y demas que tenga por ahi. Y si la cosa es de distancia, prefiero practicar el sano ejercicio mental de redactar un texto, asi se vaya viajando en una e-card.

    Como siempre, grato leerte colega de letras!

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  2. Totalmente de acuerdo Anita, sinceramente hoy mirar hacia los lados es mirar a personas al parecer sin cerebro caminando guiadas por quien sabe que fuerza extraña que las mantiene aún con vida, realmente y por culpa de ese aparatico he evitado salir con algunas amigas dado a que estar o no estar con ellas es lo mismo.

    Vivian Cllo

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