miércoles, 13 de mayo de 2009

Sembrar un árbol, escribir un libro y ¿que mas?

-Para los andariegos...
Una de las preguntas que más frecuentemente me hacen es que significan o cual es la historia de mis tatuajes. Quienes me conocen saben que esas marcas de juventud que eventualmente quedaran convertidas en indefinidos códigos de barras son mitad rebeldía pura y la otra mitad imágenes que no quiero olvidar, al punto que, si llegara a perder la memoria en un evento telenovelesco, al menos me queden unos registros abstractos en mi piel y alguna referencia en este blog. Si le preguntan a mi mama, ella dirá que la proporción correcta es 50% rebeldía, 30% falta de oficio y 20% que hago lo que se me da la gana, y tiene razón (¿y cuando no?). En fin, yo siempre pensé que la vida de uno se reflejaba en las manos, porque recuerdo las manos de mis abuelas y en cada surco profundo que atraviesa pieles vividas están sus historias con lo bueno y lo no tan bueno. Y si pienso en las manos de la doctora que me adivina los motivos de los tatuajes tan fácilmente, casi distingo mi nombre y el de mi hermano escritos en líneas que solo ella nos podía traducir, pero ahora que sus hijos somos personas mayores y al menos uno es adulto responsable, empezamos a entender.
Siendo yo parte de la población bicentenaria, que no solo acumula décadas en la cédula sino que tiene que especificar los dos primeros dígitos de la fecha de nacimiento, pensé que a estas alturas ya tendría algo interesante en las manos, pero por más que me las miro no me encuentro nada distinto a lo que había el siglo pasado. Hasta que un día, mientras me lamentaba amargamente de cómo tallan las sandalias de tiritas, me puse a detallar mis pies y seguido del grito de angustia de verlos mas rayados que baño de discoteca, se me ocurrió que tal vez la historia mía no está en mis manos sino en mis pies, porque al fin y al cabo con las manos uno construye, pero con los pies uno camina y hasta hoy lo único que he hecho eficientemente es caminar de un lado a otro, acumulando millas náuticas, kilómetros por hora y sellos de pasaporte. No me malinterpreten, no cambiaria esa vida de viajera por nada del mundo, y seguiré saliendo a ver los rincones de este planeta mientras me queden fuerzas y fondos en el banco, pero pensando si voy a conservar las extremidades superiores sin estrenar, me viene a la mente el adagio popular que dice que para realizarse en esta vida uno debe “sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo”. Invariablemente esa afirmación se entrelaza con el adagio más popular todavía que reza “si no va a ayudar, por lo menos no estorbe” así que, estirando al máximo el ápice de sentido común que mi mama logro inculcarme y teniendo en cuenta que a) En mi casa se me mueren hasta los palitos de bambú porque no doy ni para echarles agua. Y b) Los adultos responsables que velan por la integridad craneal mi sobrina todavía no han decidido si me la van a dejar cargar o no, he descartado totalmente la sembrada del árbol y la tenida del hijo.
Estoy segura que la próxima vez que vea a las queridas amigas que me han hecho tía recientemente, las incipientes arruguitas de sus manos me van a mostrar el primer capítulo de las historias que no necesitan teclado para ser contadas. Y los pies puestos a remojar para el “pedicure” adornaran con burbujaslos relatos de los sitios que han pisado. Yo en vez de líneas llevaré tatuajes que cuentan donde he estado y a donde quiero ir, y si fuera consecuente con este razonamiento, mi próximo tatuaje seria una nave espacial, lo cual me costaría el divorcio y la verdad es que no sería tan increíble ver el mundo sino es agarrada de la mano de mi copiloto. Entonces me reservo el terreno del próximo tatuaje para algo más razonable y mientras me salen las líneas en las manos de haber escrito libros, me conformo con el síndrome del túnel carpiano que me produce este blog.

6 comentarios:

  1. Chapeau mi querida anita no necesito decir mas

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  2. Tu crees que tener hijos es sinonimo de dejar de viajar?
    Es una de las razones que me asustan de tener hijos, perder la libertad de moverme adonde me plazca.


    MGÑ...

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  3. No necesariamente, Edwin. Simplemente es un destino extremadamente exotico para mi gusto.
    Gracias por leer :)

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  4. Anita: leí tu post con Gaby cargada y he estsdo reflexionando desde antes como voy a hacer para completar esa triada y la viajada: ya tuve el hijo (Gaby), ya ando en proceso de escribir el libro, ya sembré el árbol (pero no nació,m tengo "mala mano"), pero me falta andar por el mundo...creo que lo haré con mi Gaby a cuestas, aunque sea difícil....Gaby dice que no tiene miedo de que la cargiues y que, por el contrario, practica todos lso días la sonrisa sin dientes y la estirada de brazos para que cuando llegues a Bogotá no te puedas resistir a sus encantos...
    Besitos.
    GABY Y ELI

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  5. Eli: que lindas tu y Gaby como siempre, tengo muchas ganas de verlas y espero que sea pronto.
    Un abrazo

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  6. Amiga despues de leer el blog y de nuestra reciente conversacion en msn creo que las posibilidades que tengas un baby son nulas, pero confieso que a pesar que nuestros estilos de vida son muy diferentes y yo no tendria las agallas para hacer la mitad de las cosas que has hecho, no me importaria que Mariana algún día me dijera que quiere ser como la tía Ana Paula. TE QUIERO

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