lunes, 19 de enero de 2009

La era de la informacion

-Uno de mis escritos "serios"

Reflexionar sobre la era de la información, inevitablemente me trae a la mente la frase “atropello tecnológico”, pero no como burla o sarcasmo, si no como una triste realidad que en mayor o menor medida debemos enfrentar tanto personal como profesionalmente. Ese chiste de que la tecnología lo atropelle a uno, lo entiendo como movimiento perpetuo hacia adelante, hacia el futuro, y bien sea que la “tecnología” se presente físicamente como aparatos frustrantes que requieren cierto grado de avidez y necedad para poder ser operados, o simplemente como las tendencias de esta modernidad que nos toco vivir y sobrevivir, siempre habrá individuos y organizaciones que tengan listo un plan para subirse al carro, agarrarse de la puerta o al menos no dejarse atropellar cuando se presente la oportunidad.
Y comparar el devenir de esta era con un vehículo en movimiento es apenas justo. Tal vez las generaciones anteriores percibieron estos cambios como un tren que avanza sobre una vía fija, pero hoy por hoy más bien es un bólido de formula 1 o un avión supersónico, hibrido y todo terreno que no conoce más limites que los de las leyes de la física y aun así da la pelea para doblegar dichos “inconvenientes”.
Entonces cuando digo que la tecnología nos atropella no solo es que nos puede pasar por encima, es que seguramente regresara y nos volverá a pisar inmisericordemente a menos que hagamos algo al respecto. A nivel personal, además de pelear con computadores, sistemas de servicio al cliente automatizados y escáneres de aeropuerto que le vislumbran a uno hasta lo que comió el día anterior, el reto está en contar con el cambio como parte natural del proceso de la existencia, un curso eterno, y como lo afirma Peter Senger “El verdadero aprendizaje es el punto mismo de lo que significa ser humano. Aprendiendo es como nos reinventamos constantemente y somos capaces de hacer cosas que antes no podíamos”. Ahora bien, hasta que llegue el día en que la inteligencia artificial reemplace definitivamente a los humanos, este comportamiento de preparación, acogida y disposición al cambio en las organizaciones depende única y exclusivamente de la percepción personal del entorno en el que nos desarrollamos.
Isaac Asimov escribió un cuento corto por alla en los años 30 en el que relataba cómo sería el primer lanzamiento de una nave espacial a la luna. A pesar de calcular mal la mayoría de los aspectos técnicos de la exploración lunar, este gran futurista, fue más alla de la ciencia ficción y se adentro en el terreno de la ciencia social al incluir en su fantasía, un movimiento de resistencia al avance científico que intento sabotear el proyecto espacial y convencer a la opinión pública de que salir de la atmosfera terrestre era una herejía puesto que implicaba violar el espacio sagrado del cielo que pertenecía a dios.
No es que Asimov hubiera descubierto el agua tibia cuando se le ocurrió que la carrera espacial podría enfrentar resistencia violenta, es que simplemente ya contaba con ello así solo fuera en su imaginación. Y ahí está la diferencia entre el que se deja atropellar de una terminal de pago con tarjeta debito y el que hace años paso a hacer sus transacciones bancarias por internet. Extrapolando al ámbito organizacional, cuando las personas asumen una actitud de aprendizaje constante, el cambio es la consecuencia natural de un proceso, no un accidente y mucho menos un ataque terrorista para el cual hay que prepararse atrincherándose con munición, botellas de agua y comida enlatada.
Y como sabemos que cambios vienen, cuándo y por donde? La respuesta está en la información, esa misma que en estos albores del siglo XXI se consigue tan fácil y gratis a punta de teclado siendo muy básicos, pero ya siendo más aplicados y sistemáticos, como individuos y organizaciones, todo recae en esa capacidad de imaginar lo que todavía no es pero que haremos que sea, en poder comunicar efectivamente esa visión y compartirla con las partes involucradas, en el compromiso con el futuro.
Podría decirse que en todo este maremágnum de futuro, tecnología e información, al contador no le queda más que aprender sistemas y seguir haciendo sus cuentas con equipos más sofisticados que el libro de 18 columnas y el lápiz numero 2. Pero eso sería rebajar el oficio a la mera condición de una calculadora humana, cuando en realidad se trata del proceso de asegurar la continuidad de la organización a través del manejo de los recursos, que hace años dejaron de ser solo físicos y cuantificables en dinero, y se traducen en todos y cada uno de los procesos de una organización. El poder maximizar la efectividad de estos procesos mediante una gestión adecuada y proactiva de dichos recursos es la clave del éxito del contador. Cuadrar balances lo hacen las maquinas, pero entender las dinámicas de la actividad empresarial a partir de la información contable, requiere mucha de esa imaginación, visión y pasión por el cambio que nos ha llevado como especie a avanzar de partir cocos con piedras a poner seres humanos en la luna.

1 comentario:

  1. "El bien mas valioso en el siglo XXI es la información.... el que la tenga dominara a los demás" y el miedo al cambio tecnológico disminuye el progreso en muchas cosas.... el software contable no esta ahí para quitarle el trabajo al contador.... esta ahí para que pueda llevar la contabilidad del triple de empresas que a punta libro de 18 columnas y lápiz No 2!!!!!

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