En estas épocas en las que ya no toca arriesgar una descalabrada para buscar datos en enciclopedias polvorientas, Wikipedia me hace el favor de reunir toda la información disponible acerca de la denominación que mis padres me asignaron, y resulta que si tengo algo hebreo, y es el nombre, pero como la tradición judía tiende más bien a la economía, me pusieron el nombre más cortico que encontraron, y para que no me sintiera mal después, me lo ligaron con uno de tamaño normal con resultados altamente telenovelescos. No es que las tres letras no tengan su encanto y su historia, de hecho casi todos los idiomas occidentales tienen su versión del nombre, hay montones de Anas famosas por todos los motivos posibles y me consta que hasta da Vinci coló a una tocaya en un lienzo religioso, pero eso no quita que a estas alturas de mi vida todavía tenga dificultades con que me dejen el nombre a medias, porque el hipotálamo registra mis dos nombres como uno solo (ventajas de la brevedad) y porque en realidad somos demasiadas las que compartimos el de pila como para no poder darnos el lujo de diferenciarnos con el segundo.
A todas estas, lo de la mochada del nombre es una de esas cosas del estándar gringo del mínimo común denominador, tres letras y tenga: Ana me quedé y no hay poder humano que convenza a mis nuevos compatriotas de que me digan como estoy acostumbrada, pero bueno, en realidad no es eso por lo que no logro adaptarme al nombre, lo que pasa es que esta Ana le debe más que el apelativo a la que la precede en el árbol genealógico, porque el mote será mínimo, pero la dueña pertenece a las ligas mayores de las damas con D mayúscula. Ella es la raíz, el tronco, las hojas, flores y frutos de mi microcosmos, sin Ana no hay luz en mi casa, no hay hogar, no hay ternura y suavidad de manos sabias, curtidas en las lides del oficio ingrato de ser la columna de una familia. Si no fuera por Ana, estas palabras no estarían aquí hoy, puesto que ella me regaló el secreto de las letras, me alimento la curiosidad y hasta la rebeldía (aunque quiera negarlo). Ella se desvivió por hacer de una mocosa escuálida la persona medio decente que hoy se queja de que le corten el nombre, y abusó sin misericordia de su derecho divino de consentirme, acolitarme y patrocinarme cuanta cambamba se me ha ocurrido hasta después de vieja, y todavía hoy me echa bendiciones de un dios en el que no creo pero igual se las recibo porque no vienen de el sino de ella, que es agente de todo lo que es bueno de mi vida y directora de los recuerdos amarillentos, teñidos de condimentos con sabor a infancia, guardados celosamente entre los pliegues de las bolsitas de supermercado que se desparraman al abrir los estantes de la cocina de mi casa. Y es que la nieta le heredo la maña de doblar las cuitas en cuadraditos y ponerlas donde solo uno se acuerda que las puso, con la diferencia que las mías son digitales y están expuestas a quien las quiera leer en este blog.
Y eso era todo, solo que no me digan Ana, no porque no me guste el nombre, simplemente es que me queda grande.
Si todos buscaramos el signficado de uestro nombre, encontrariamos que casi nunca tiene que ver directamente con lo que somos.
ResponderBorrarAunque a veces si.
Yo me llamo Carolina, en honor a la Princesa Carolina de Monaco.
Y si, puedo llegar a ser alguien muy noble (de corazon por supuesto)
pffffffff vulgarcito tiene el nombre que se merece
ResponderBorrarComo siempre, em encanta como escribes, Anita te conocí y así te voy a llamar siempre.
ResponderBorrarAhora, frente al nombre, el mío viene de la combinación dle de mis dos abuelas Rosa Elizabeth, al comienso odié el Rosa, peor ya me acostumbré a él.
Mi muñeca favorita de la infancia se llamaba Carolina, tambien, como Caro, por la princesa Carolina de Mónaco.
Y el nombre de mi Gaby es ese, porque siempre lo soñé y siempre quise una niña, no se que hubiera hecho si hubiera sido varón.
Besitos,
ELI
Te espero gateando,
GABY
PD: Sigue escribiendo y ojalá, así seguido como ahora
pues con los mios... Uno es Ruso (Ivan, el escogido por Dios) y el otro es persa (Dario, aquel que apoya firmemente el Bien) y la verdad prefiero que me digan Ivan solamente (solo me dicen Ivan Dario cuando me estan regañando)
ResponderBorrarComo siempre Anita (suerte, como dijo Eli... asi te conoci, asi te quedaste) es un placer leer lo que escribes!!!